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- Tenés una piel suave. Interesante. Se ve que nunca fuiste obrero.

- Y esa cicatriz en la muñeca?

- Ah si. Con ese detalle ya lo sabés todo de esta joven marquesa. Hace dos años intenté matarme.

- Y qué pasó?

- Me salvaron. Unas vecinas. Lo bien que hicieron. Estoy contenta de seguir vivita y coleando.

- Mal de amores?

- No. Falta de amores. Vacío de amores.

- Droga quizá?

- Nada de eso. Ni siquiera fumo. Casi no tomo alcohol. Vos nunca quisiste suicidarte?

- Soy demasiado pelotudo para tomar una decisión tan laboriosa.

- Ya me dijiste que sos soltero en español. Pero tenés mujer, compañera, amante o noviecita?

- Nada, mi niña. Llevo tres meses y medio de virginidad sabática.

- Entonces voy a hacerte una confesión que confío aprecies en toda su buena fe.

- Así será.

- Y en toda su inocencia.

- Soy todo orejas.

- Quizá te parezca extraño, pero tengo ganas de verte desnudo.

Mario Benedetti en “Buzón de tiempo”

(Y pensar que cuando saqué la foto estas personitas peleaban a los gritos…pero aquí quise cambiar un poquito la historia……shshshsh)

“Conocer la vida no es sólo observarla, es introducirse en ella, es demostrar habilidad para transformar lo conocido y lo vivido en imágenes escénicas, cercanas y comprensibles para nuestros espectadores.” KS


PiNtAr CoN LuZ

(antes un homenaje)

Adriana Lestido + Pedro Salinas

(sublime)

¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el lugar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara
y que lo más seguro es el adiós.