
una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío
(Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto)

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío
(Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto)
Hoy quiero estar con ustedes, amigos
porque disfruto de su presencia
ante mí, porque lo mismo les ha
de ocurrir a ustedes, porque es hermoso
que nos pase a los tres.
Hoy quiero estar con ustedes, amigos
emocionados al abrirse una flor
discutiendo por qué el globo
estalló emborrachándonos de
risa y dolor.
Hoy quiero estar sin entender
la distancia que nos va a separar
la frontera que lascera
lo poco que queda
para que uno pueda
en los tiempos que llegan
repartir amor.
Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita,
y niña siempre,
-que es lo que dicen los chinos, que sólo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño: y mira a una mujer egoísta, que, aun de joven, es vieja y seca.
Ni de las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo.
“Esas arrugas que tú tienes, madre mía”-dice algo que leí hace mucho tiempo-
“no son las arrugas feas de la cólera, sino las nobles-de la tristeza”.
Fragmento de Cartas de José Martí a María Mantilla. Febrero 2. 1895
Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil
y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa:
“Es como una flor“