Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita,
y niña siempre,
-que es lo que dicen los chinos, que sólo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño: y mira a una mujer egoísta, que, aun de joven, es vieja y seca.
Ni de las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo.
“Esas arrugas que tú tienes, madre mía”-dice algo que leí hace mucho tiempo-
“no son las arrugas feas de la cólera, sino las nobles-de la tristeza”.
Fragmento de Cartas de José Martí a María Mantilla. Febrero 2. 1895
